¿Cómo podemos definir la Psicoterapia?

Por decirlo de una manera muy gráfica, se diría que una terapia es una relación. Es decir; una relación que el terapeuta establece con el paciente, en ese proceso de ayuda que es la Psicoterapia. Esa relación tiene que ser totalmente aséptica. (El terapeuta no puede conocer ni tener ningún vínculo con el paciente).sonrisa-mujer

Entonces, ¿Cuál es la naturaleza de esa relación terapéutica? Si la relación psiquiatra-paciente tiene un mediador, que son los psicofármacos (“la pastilla”), en cambio, la relación psicoterapeuta (psicólogo)-paciente tiene otro mediador, que vamos a llamar “confianza”. Es decir, la confianza que la persona demandante de ayuda debe otorgar a su terapeuta. Y que resulta imprescindible para que esa psicoterapia alcance con éxito los objetivos terapéuticos. 

Otro elemento clave para que la psicoterapia tenga éxito es “quién formula la demanda de ayuda”. Lo ideal es que sea el propio interesado quien pida esa ayuda. Pero, con mucha frecuencia, la demanda inicial de ayuda la hace la pareja o un familiar. Y, en este caso, es fundamental que, a posteriori, la persona que porta el problema asuma o interiorice como propia esa demanda de ayuda terapéutica. 

¿Cuál es el objetivo de una Psicoterapia?

Cualquier psicoterapia va a buscar como objetivo nuclear el cambio terapéutico.

En este punto, hay que señalar como tres niveles en el “Yo”. A saber: 

El nivel más superficial (lo primero que se ve) es lo conductual (por ejemplo: una conducta fóbica). Y en este nivel operan las Terapias de Conducta.

Hay un segundo nivel (más profundo) que es lo cognitivo. Esto es, mi capacidad para razonar (la lógica, el pensamiento).

Y finalmente, el nivel más profundo es lo emocional (lo afectivo, los sentimientos).

De abajo hacia arriba sería: cómo siento/cómo pienso/cómo actúo.

En la mayoría de los casos, si la psicoterapia no profundiza hasta ese “sótano 3” (la estructura afectiva de la personalidad), no estaríamos cambiando nada, sino sólo “maquillando” el problema, a base de pautas de conducta, estrategias…etc.

Pongamos un ejemplo: en un trastorno alimentario como puede ser la anorexia nerviosa, además de intervenir el endocrino y el psiquiatra, va a ser clave que la psicoterapia del psicólogo no se quede en lo superficial (lo conductual y lo cognitivo). Sino que ahonde en esa estructura afectiva (emocional) de esa personalidad, que subyace al citado cuadro sintomático. Para corregir dos déficits fundamentales que están presentes ahí, a saber: la inseguridad emocional (son personas con muy baja autoestima, muy frágiles emocionalmente). Y, paralelamente, la autoexigencia o rigidez de esa personalidad, que es extremadamente elevada.

Por tanto, en este caso, la psicoterapia (en un proceso a largo plazo) buscará como objetivo terapéutico la adquisición de seguridad emocional (un “Yo” fuerte), así como  flexibilidad (lo antagónico de la autoexigencia).

Si tengo un Yo fuerte, seguro, con la autoestima en su sitio, no voy a necesitar ser rígido, autoexigente o controlador. Sino que voy a darme permiso a mí mismo para fallar. 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que los distintos rasgos o variables de la personalidad correlacionan unos con otros. Es decir: a más madurez emocional, más seguridad, más autoestima y, por tanto, más autonomía emocional.

Y si lo queremos ver por “la otra cara de la moneda”, a más inmadurez emocional, más inseguridad, más baja autoestima y, por tanto, más dependencia emocional.

¿Qué es una personalidad inmadura emocionalmente?

El objetivo último de cualquier psicoterapia es la adquisición por parte de la persona de un nivel de madurez emocional adecuado. 

La madurez emocional es la capacidad que tiene el sujeto para enfrentar la vida en general. Por tanto, una persona inmadura es aquella que no enfrenta. Que necesita que sea el otro (por ejemplo la pareja) quien enfrente los problemas en su lugar (dependencia emocional). 

Todos llevamos dentro el niño-a que fuimos. La diferencia entre una personalidad madura y una inmadura está en que: en el sujeto maduro ese “niño-a” que fue es como un “duende” que saca fuera sólo en situaciones excepcionales. Mientras que en el sujeto inmaduro ese “duende” campa a sus anchas. Es decir, ocupa todo el espacio y en todo momento.

¿Cuál es la duración y frecuencia de la terapia?